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sábado, 29 de agosto de 2009

SIGIFREDO ALVARADO VARGAS MUERE GLORIA DE NUESTRO FÚTBOL

SIGIFREDO ALVARADO VARGAS
MUERE GLORIA DE NUESTRO FÚTBOL
Por: Guillermo Carvajal Alvarado (*)
(*) Presidente de A.D.
Sagrada Familia

En una mañana húmeda, cuando el viento alisio nos anuncia la transición de la
estación lluviosa a la estación seca y cuando los alisios nos traen la
evocación de la natividad, falleció Sigifredo Alvarado Vargas.

Tío Sigi fue un enamorado de su equipo Orión, tanto así que a uno de sus hijos lo llamó así. Orión Alvarado, hecho insólito hasta donde sabemos.

Sigi, fue un personaje muy querido por todos sus compañeros de equipo y de selección. Así su imprenta “la Clásica”, allá por la antigua Castellana en puro centro de San José pasaban cotidiamente sus compañeros y amigos para charlar con Sigi.

Sigi Alvarado Vargas fue mi padrino de bautismo, albergó en una época el proyecto que mi carrera deportiva podía seguir la suya, pero la vida le tiene preparada a cada uno de nosotros caminos diferentes. Aunque jugué fútbol, y a un nivel aceptable, lo mío fueron los estudios libros y siempre conté con su apoyo para poder seguir con proyectos.

Crecí con la admiración por la bondad y generosidad de este buen hombre, buen hijo, gran hermano, buen padre pero un apasionado del fútbol. Recuerdo que para la fiesta de mi bachillerato, me regaló unos elegantes zapatos color cordobán. Yo calzaba 39, mi padre siempre dijo que los pobres no tenemos número, nos ponemos lo que tenemos y como buen zapatero, decía los zapatos se estiran, así que a caballo regalado no se le busca el diente.

Me sentí feliz al ver que iba a la fiesta de mi graduación en los zapatos de mi tío y padrino por el que tanta admiración cultivé. Ignoro la razón porque la fiesta de entrega de los diplomas se hizo en el Colegio Los Angeles, y ahí empezó la prueba de fuego para mis pies, los zapatos de tío eran número 38 y yo calzaba 39, y en camino largo hasta la lengua pesa.

Recuerdo que nos bajamos frente al gimnasio nacional y empezamos la camita final hasta el auditorio del Colegió los Ángeles, no recuerdo la distancia, porque las distancias no son reales son relativas a las necesidades y a las emociones… el camino se me hizo eterno… si eran leguas de caminata y en mis dialogo interno decía, mejor me hubiera puesto mis viejos zapatos, aunque hechos trizas, ya estaban amansados.

Pero por otro lado no quería aguar la fiesta y la caminata que empecé con paso firme, ya al final me iba quedando rezagado, ¿ Que te pasa? Inquirió mi madre, nada, Florita, nada, solo un poco emocionado, no vez que cada vez nos acercamos más. Si mijito, tranquilito, no se asuste, para estamos aquí a tu lado. No quería inquietarlos, pero los pies me iban a estallar del dolor.

Como los zapatos eran estilo mocasín, me monte encima del contrafuerte y llegué con aquellos zapatos de lujo como si fueran chancletas, pero solo así pude aguantar aquella distancia eterna. Entré al lugar pregunté donde estaban los baños, ya ni recuerdo quien me indico, pero salí corriendo, me quité los zapatos marca calderón, de color cordobán, le di una mirada retadora, los sumergí en el lavamanos, quite mis calcetines y los pasé por agua… y así pude soportar los largos discursos de los oradores invitados, nada menos que nuestro director, Prof. Claudio Sánchez Fernández, el ministro de educación Euladislado Gámez Solano, y no recuerdo quien más…los pies se seguían maltrantando.

Mi padre que fue un hombre muy de a por derecho, me decía hijo tienes que llevar esos zapatos con dignidad, son de tu tío una gloria del fútbol en este país. Pero yo supe ese que nunca más me pondría en los zapatos de otro porque mi vida tenía que diferente, y la felicidad de andar en los zapatos de tío Sigí me duró solo aquella noche. Nunca más me volví a poner aquellos hermosos zapatos, preferí mis viejos zapatos escolares marca catalana, con suela de llanta que eran eternos y que me servían para vestir, mudarme decíamos en aquella época, jugar fútbol e ir a marcar con la vecinita… nunca más volví a extrañar unos zapatos finos.. solo pido confort, es lo único.

Anécdotas las hay por montones… Contaban sus amigos que en los días que por alguna actividad extradeportiva debía pernoctar en el centro de la ciudad de San José y por su íntima amistad con el “Zorro” Campos, compañero de amigo y amigo de andanzas habían encontrado solucionar el problema de la estadía de manera que fuera confortable. Recuerdan ustedes la antigua funeraria Campos, si aquella que esta al lado del bar Cheyes en el puro centro. Pues el Zorro campos tan habituado ver ataúdes decidió enseñar a Sigi que un ataúd se podía dormir confortablemente y asÍ lo hicieron en infinidad de veces hasta que una ocasión un comprador que llegó de urgencia para comprar un féretro casi muere del infarto al ver que con su ruido dos cuerpos se incorporaban de un ataúd. El cliente pensó que habían resucitado, tal fue el susto que ambos convinieron en que en adelante no volverían a repetir la estrategia por temor a provocar una muerte.

Sigifredo Alvarado fue un futbolista de exitosa trayectoria, vistió el azul
grana con mucho amor y llegó a formar parte de la Selección Nacional que
Ganó la primera medalla en los Panamericanos de 1951 en Mar de Plata Argentina.




Y fue en Buenos Aires (Argentina), donde los Juegos Panamericanos tomaron oficialidad, con la primera versión entre febrero y marzo de 1951. Conjuntamente con todo el programa deportivo, el certamen de futbol reunió a cinco países: Argentina (sede), Chile, Paraguay, Venezuela y Costa Rica.


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Segundo lugar en los I Juegos Panamericanos de Buenos Aires 1951. Una medalla de plata con sabor a oro

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